¿Un año para olvidar?

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Diciembre, hagamos balance

Revista Plaza

¿Un año para olvidar?

“Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así.”

Diciembre es momento de listas, balances y desesperos. Los diarios se colman de explicaciones, las revistas vuelcan (volcamos) sobre las planas epílogos imposibles de lo que ha pasado; dónde, cuándo, por qué y por culpa de quién ha pasado. Es humano (supongo) y es que necesitamos entender una pizca del porqué de este puto desastre que llamamos presente. That´s life.

Así que basta de preámbulos y remilgos; si hay que hacer balance, lo haremos a lo bestia: lo mejor que ha dado de sí este año tan descabellado y, sin embargo, tan nuestro. Lo mejor del año; sin medias tintas ni votaciones ni democracia chusca de por medio. Y sí, ya sé que para gustos los colores y toda esa cantilena del “será tu opinión” y demás pataletas del moñas de turno. No me importa, en esta vida hay que elegir.

Ante todo disculpen el arranque sin preámbulos: al cuello. Pero ya saben lo que gritaban nuestros abuelos desde el Tendido 7: puerta grande o enfermería. Así que allá vamos.

Las tres mejores películas de este dos mil quince han sido Youth, de Paolo Sorrentino (director de la inmensa La Grande Bellezza), Whiplash (qué barbaridad lo que hace J.K. Simmons) y Calvary, de John Michael McDonagh —la historia del Padre James Lavelle en un pequeño pueblo irlandés. Sé que así, sobre el papel, no parece la historia más apasionante. Confíen en mí: lo es.

 

Diciembre

 

La fotografía que nos ha impactado del año, lamentablemente es (y que estoy seguro no olvidaremos nunca) aquella del niño hallado ahogado en una playa del oeste de Turquía; se llamaba Aylan Kurd y la fotógrafa culpable del disparo, Nilufer Demir. En fin, volvamos a lo banal (no nos queda otra, ¿no creen) la serie del año ha sido, sin ningún lugar a dudas, Hannibal (con uno de los mejores finales que recuerdo) pero también nos han acompañado Narcos (bendito seas, Netflix) o Fargo, versión un poco libre de la maravillosa película de los hermanos Coen. Tres libros que ya no abandonarán la estantería: También esto pasará de Milena Busquets, Chap Chap de Kiko Amat (sí, un recopilatorio) y Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler. ¿Tres cómics? Venga, la reedición de Blacksad de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, Chapuzas de amor de Jaime Hernández y uno cuya grandeza tardaremos años en comprender: Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares. Premio Nacional de Cómic, una obra que (estoy seguro) estudiarán nuestros hijos en el colegio. Al tiempo.

¿Los tres mejores restaurantes de Valencia? No sé si los mejores, pero nunca han estado como están ahora Ricard Camarena, Nozomi de José Miguel y Núria y El Bouet de Tono Pastor y César Lopo. Las tres mejores barras han sido (siguen siendo) las del Rausell, Maipi y Central Bar.

Música. Ha sido el año de Shadows in the Night de Bob Dylan, también del Coming Home de Leon Bridge (soul, soul y más soul) y qué narices, 25 de Adele. ¿Mainstream? Puede; pero qué más dará, si estamos ante la bestia culpable de Skyfall o Rolling in the Deep —pues bien, hay que rendirse ante el disco que abriga ‘Hello’.

¿Lo mejor del año? Puede que sea lo de ahí arriba. Puede que no. De lo que no tengo lugar a dudas es que lo único verdaderamente imprescindible (de aquí a otro año) seguirá siendo un café caliente y el silencio cómodo (esos silencios…) de un amigo sin preguntas.

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