El barrio de moda en Valencia

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Barrios que sí, Ruzafa

Condé Nast Traveler

Russafa, “Jardín” en su origen árabe (la semilla del barrio que conocemos hoy, una alquería construida por un poeta: Abd Allah al-Balansi; qué bonito origen, ¿verdad?) hasta que llega la reconquista, y la adhesión a la Valencia que hoy pateamos (pertenece al distrito del Ensanche).

Más allá de los tópicos (Que si el “Malasaña de Valencia”, que si Hipsterlandia, que si Rufaza ya no es lo que era o El Cabanyal es el nuevo Ruzafa) Russafa es el vórtice de una Valencia que (de verdad) nos ilusiona un poco a todos. Un barrio urbano y cosmopolita, sí (obviamente no es el Soho o Shoreditch, ni maldita la falta que hace) pero que sentimos como “nuestro”, con las suficientes señas de identidad para tener sentido en Valencia y no en otro lugar. Así debe ser un barrio, ¿no creen?


Desayunemos

Para empezar, una declaración de intenciones: no leerán aquí hoy (¡jamás!) esa sandez de palabra que tanto odiamos: “brunch”. En Mantel & Cuchillo se desayuna, se almuerza, se come o se baja al pilón, pero no vamos “de brunch” —por Dios Santo.

El mejor café en Bluebell Cofee “¡El café es nuestra misión y lo demás diversión!” La casa de Marian Valero es la única cafetería en Valencia que trabaja con cafés de especialidad (de Honduras o Kenya), además de huevos benedict memorables. Nuevos clásicos del desayuno también son Celia Cruz (en Cuba, 54) que cuenta con obrador propio y apuesta por gastronomía para celíacos, Dulce de Leche (Pintor Gisbert, 2) o CAFÉ 33, la cafetería de la Galería de Arte 33, en Dénia, 62.

Ojo también con el 'esmorzaret' (religión en el Túria) del bar (bareto) del maravilloso Mercado de Ruzafa. Y aquí, un inciso: si algo define a Ruzafa es su Mercado, la zona cero, nuestra nave nodriza, la ‘Nostromo’ que vertebra cada una de las calles y rincones —y es que todas acaban aquí; en este crisol de colores que envuelve al zoco diseñado por Julio Bellot Senet en torno a cual se despereza el barrio, cada mañana.

De tiendas, estudios, galerías y libros viejos

“Objetos absolutamente imprescindibles para la supervivencia contemporánea”, cómo no nos iba a enamorar Gnomo (Denia, 12) con semejante declaración de intenciones. Es momento (lo puedo decir más alto, pero no más claro) de rendirnos a “teóricamente” banal, a la belleza de un objeto, la arquitectura de un vestido o la sencillez de un botijo (éste, de hecho, preside mi cocina).

Mi credo es aquella verdad inapelable de Ramón Trecet: “Buscad la belleza. Es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo”, así que no queda más consuelo (ya ven) que rodearnos de historias, (personas) y objetos bonitos.

Imprescindible es Siempre Vivas, Costura a medida (y amor por lo artesanal) de la mano de Adrián Salvador y Lucas Zaragosí. Hablo con ellos de por qué Ruzafa “nos encanta a cualquier hora del día por la sensación de estar rodeados de galerías de arte, creativos, artesanos y artistas, estudios de diseño y chefs que conviven con los vecinos de toda la vida” y de cuál es la suya “La galería Espai Tactel, Celia Cruz y su cocina sin gluten, la taquería La llorona y la taberna Tao Tao, cada uno de los puestos del Mercado de Ruzafa, Fierro y su mesa para 12, las croquetas de foie de Croquetea, los gintonics de Nixe y Nozomi Sushi Bar siempre”.

Imprescindible también Espai Tactel, galería de arte contemporáneo y vórtice dinamizador de tendencias, artistas y “lo nuevo”; Obsolete Letterpress (donde Guillermo Cerdá -el impresor obsoleto- ha recuperado el amor por los tipos móviles de plomo) o Borja García Studio, arquitectos y diseñadores de espacios fundamentales en (la estética) del barrio, como Copenhague, Olhöps o Malmö.

Cómo no iba estar aquí hoy Gotham (y su gato) la tienda de cómics de Antonio Matamoros donde se respira amor al medio, en cada estante. Dos librerías imprescindibles son Bartleby (libros, cómics y vinos) capitaneada por David Brieva y Luci Romero. También Ubik Café (Literato Azorín, 13) o una apertura reciente: la galería Pepita Lumier. De nuevo: arte, cómics y actitud.

Hay que comer (y beber)

En ¿Dónde comer el mejor curry de España? ya hablamos de Tono Pastor y su Bouet; al grano: estamos enganchados. Pero hay más, mucho más. Y es que (quizá) ha sido la gastronomía el masclet que ha dinamitado el barrio, que lo ha convertido en el destino inevitable de tantos valencianos, cada noche.

Desde la esencialidad oriental de uno (de verdad) de mis restaurantes japoneses ineludibles (aquí y donde sea) Nozomi. El restorán tallado a mano en madera cerejeira y de roble: una calle de Kyoto en pleno Ruzafa pero también el sueño de una familia honesta (de mis queridos José Miguel y Nuria) por lograr la más absoluta excelencia en su visión esencial y purista de la cocina japonesa.

Ruzafa es japo, pero también peruana (Ancón), mexicana (Taquería La Llorona) o argentina, de la mano de dos nuevos vecinos en el barrio: Germán Carrizo y Carito Lourenço y su Fierro (una mesa para 12, un menú, una noche). ¿Por qué Ruzafa, Germán? “Es un barrio de personas y familias”, ¿Tus imprescindibles? “El mercado Ruzafa, primero y principal. Después Glasol, la Tasqueta del Mercat, el mexicano Chilangos, Tao Tao, el Bouet y por supuesto, Ricard Camarena. En cuanto a espacios de fuera del ámbito gastro: Gnomo, tienda que visitamos para adquirir detalles de Fierro; Ana Higueras, con quien diseñamos vajilla de vidrio; The black garage, donde llevamos a poner a punto la bicicleta; y la Real, donde compramos todas las especias que utilizamos en la cocina”.

Y Russafa, además de todas las cocinas del mundo, es la cocina de Valencia, porque este barrio también es el nido de Ricard Camarena —y qué voy a decir yo ya Ricard, de su gastronómico y su Canalla

Ojo también con los dim sum del Rodamón (de Luca Bernasconi), con El Alquimista, Ill mago della pasta; quizá mi italiano favorito (junto con Trattoria Da Carlo) en la ciudad y con Dos Estaciones, lo nuevo de Iago y Patxi (cachorros de Camarena).

Ruzafa no se acaba nunca

La noche sigue (qué le vamos a hacer) en Delorean, Nylon o Singular, donde pinchan (con trajes a medida de Holland & Sherry) mis buenos amigos de Kaspar & Hauser. Así, sí.

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